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Aditivos en vez de antibióticos: la apuesta de Greenvolution

La empresa desarrolla aditivos para la dieta de los peces que buscan prevenir enfermedades y reducir tratamientos. «Los aditivos no curan, previenen».

Catalina Werner
Jaulas de un centro de cultivo de salmon en un fiordo del sur, con montanas nevadas al fondo

Reducir el uso de químicos y antibióticos en los centros de cultivo sin dejar a los veterinarios sin herramientas: en eso trabaja Greenvolution, una empresa de la industria proveedora que desarrolla aditivos funcionales para la dieta de los peces.

Es la primera vez que la compañía aparece en nuestras páginas, y su propuesta toca uno de los puntos más observados de la salmonicultura chilena.

¿Qué son los aditivos funcionales?

No son medicamentos. Se incorporan al alimento para fortalecer al pez antes de que se enferme y así reducir la necesidad de tratamientos posteriores.

«Los aditivos no curan, previenen», resumió Sara Cavini, del equipo científico de la empresa, en una entrevista en el programa Salmón en la Patagonia de Patagonia Radio.

¿Es una alternativa a los antibióticos?

No, y la empresa lo aclara de entrada. «Eso no queremos: quitar ninguna herramienta al maletín del veterinario», dijo Cavini. Los antibióticos siguen siendo necesarios cuando hay indicación sanitaria; lo que buscan es que se necesiten menos veces.

La especialista mencionó un caso concreto: uno de sus productos, Green Steam, usado antes de un tratamiento con florfenicol, habría permitido observar una mejor condición general de los peces y una mayor absorción del tratamiento.

¿Por qué la microbiota?

Una de las líneas de trabajo apunta a las bacterias que viven en la piel, las branquias y el intestino del pez. La idea no es eliminarlas, sino favorecer las beneficiosas.

«Queremos tener una piel con bacterias, pero de las buenas; un intestino con bacterias, pero de las buenas; y branquias con bacterias, pero de las buenas», explicó Felipe Almendra, director y fundador de la compañía.

Almendra puso el foco también en la etapa de agua dulce: «Hay que cuidar el agua. El agua es un bien escaso y, si bien en el sur de Chile no nos falta, eso no significa que no tengamos que cuidarla».

¿Cómo prueban que funciona?

El desarrollo pasa por tres etapas: ensayos in vitro para ver si un compuesto inhibe el crecimiento de microorganismos, luego cultivos celulares como modelo para estudiar respuestas frente a patógenos sin recurrir todavía a animales, y finalmente pruebas en condiciones productivas reales con trucha, salmón coho y salmón Atlántico.

La empresa dice tener hoy tres productos en uso en la industria salmonera, además de desarrollos para bovinos, aves y cerdos.

El contexto local

Almendra describe una industria que en tres décadas pasó de muchos emprendimientos locales a compañías que compiten a escala mundial, con un ecosistema de proveedores especializados que hoy es parte del negocio. Ese ecosistema es empleo regional, y es donde nacen firmas como esta.

El telón de fondo son los problemas sanitarios y ambientales que la industria arrastra en la zona: el fondo de los fiordos pierde oxígeno desde 2016 y las floraciones de algas nocivas vuelven cada temporada.

Fuente: Patagonia Radio