Regional

La Paloma: la DGAC toma el control de los vuelos

El orden, la secuencia y la frecuencia de los despegues quedan en manos de la DGAC. El club aéreo advierte que la ruta hacia el sur sigue sin radar.

Catalina Werner
Aeronaves de aviación regional estacionadas en la plataforma del aeródromo La Paloma, en Puerto Montt.

El aeródromo Marcel Marchant Binder, más conocido como La Paloma, dejó de funcionar con pilotos avisándose entre ellos por radio. Desde ahora, el orden, la secuencia y la frecuencia de los vuelos quedan en manos de funcionarios de la Dirección General de Aeronáutica Civil.

El cambio parece técnico y es de fondo: la información de posición de cada aeronave deja de circular de piloto a piloto y se centraliza en una torre de control.

¿Qué cambia en la práctica?

El presidente del Club Aéreo Puerto Montt, Héctor Alvarado, lo explicó así: las aeronaves salen del aeródromo hacia distintos destinos y vuelven a la misma zona, llamada terminal. Al entrar o salir «se secuencia con un orden donde se le asigna un número a cada aeronave manteniendo separaciones».

Como todas vuelan a velocidades parecidas, esa numeración permite ordenar el tránsito y evitar que dos máquinas coincidan en el mismo punto. Es lo que hace un controlador en cualquier aeropuerto comercial, y hasta ahora en La Paloma no existía.

¿Queda resuelto el problema de seguridad?

No del todo, y quien lo advierte es el propio club aéreo. «Hacia el sur no va a cambiar nada, la verdad hasta este minuto», dijo Alvarado, que pidió avanzar en la radarización de la ruta hacia el sur para «dar real y material seguridad a la operación completa».

Su frase resume el punto: «El aeródromo es una parte de la historia. La ruta es lo que sigue». Es decir, se ordena el despegue y el aterrizaje, pero el trayecto sobre la Patagonia sigue con escaso control.

¿Quién paga la inversión?

El aeródromo pertenece al club aéreo, o sea es un recinto privado, y ahí estaba una de las trabas. El gobernador Alejandro Santana, que actuó de intermediario en la última reunión, aseguró que la instalación de personal y tecnología no le costará nada a los propietarios.

La vía sería un comodato o una concesión parcial: «la inversión pública no es asociada a un ente privado», explicó, por lo que ningún gobierno regional puede invertir directamente en un espacio que no es fiscal. Con esa figura, el Estado sí puede poner recursos en el terreno que ocupa.

La medida se enmarca además en un problema mayor que arrastran los aeródromos chicos del país: la fiscalización de pasajeros y equipajes es deficiente, lo que deja la puerta abierta al traslado de mercancías prohibidas.

¿Cómo se llegó hasta acá?

Con varios meses de tira y afloja. A fines de julio la DGAC postergó la llegada del control aéreo; a mediados de agosto el club aéreo amenazó con pedirle que se fuera del recinto, y días después la institución respondió, aunque dejó sin contestar la pregunta de fondo. Esta semana las partes se sentaron con el Gobierno Regional de por medio y el control finalmente partió.

Registro de archivo del aeródromo La Paloma.

Fuente: El Reporte Diario