Sin estos hongos, los alerces milenarios no viven
Vecinos de Correntoso y científicos midieron las raíces en el Parque Alerce Andino: los árboles más grandes se asocian a más diversidad de hongos.
Un alerce puede vivir tres mil años, pero no lo hace solo. Lo que lo sostiene está bajo tierra, mide micras y no se ve: son los hongos micorrízicos arbusculares que viven pegados a sus raíces. Un trabajo hecho en el Parque Nacional Alerce Andino, con vecinos de Correntoso metidos en el barro junto a los científicos, acaba de ponerle evidencia a esa sospecha.
El resultado se resume en una frase: mientras más grande el alerce, más diversidad de hongos hay en sus raíces.
Qué se midió, y dónde
La iniciativa la impulsaron la Fundación Rewilding Chile y SPUN, y participó el Dr. César Marín, investigador y académico del claustro del Doctorado en Conservación y Gestión de la Biodiversidad de la Universidad Santo Tomás.
El muestreo consistió en evaluar la relación entre el tamaño de los árboles y la biodiversidad de los hongos con los que se asocian bajo tierra. «Encontramos que árboles más grandes se asocian con una mayor biodiversidad de estos hongos, y aunque esto es intuitivo pensarlo, es genial poder tener evidencia empírica», explicó Marín.
No es la primera vez que lo hacen: el mismo ejercicio se había realizado antes en el Parque Nacional Alerce Costero. Y el mensaje que el investigador repite es directo: «Sin estos hongos microscópicos, estos árboles milenarios no viven».
La parte que no es solo ciencia
Antes de salir a terreno, Marín y la Dra. Rocío Urrutia-Jalabert, especialista en alerces de la Universidad de La Frontera, hicieron dos presentaciones en la Biblioteca de Correntoso para explicarle a la comunidad qué eran esos organismos que iban a buscar.
De todo el trabajo, lo que el investigador destaca no es el dato sino lo que pasó con la gente. Y lo cuenta con un ejemplo que vale por todo el estudio:
«Una de las vecinas del parque, participante del muestreo, ahora es guía ambiental comprometida en la conservación del alerce. Pero su abuelo cortaba alerces, así que es notable el cambio generacional».
Quedó filmado
El proceso quedó registrado en el mini-documental «Bajo los alerces: donde dialogan los saberes», dirigido por Mateo Barrenengoa, documentalista que ha trabajado con Ladera Sur y National Geographic. Ya está disponible en YouTube.
Barrenengoa explicó que buscó «integrar e interesar a la comunidad, a los vecinos de un parque cuyos límites están altamente parcelados e intervenidos, y está relativamente cerca a un centro urbano grande, como Puerto Montt, esa biodiversidad que no se ve».
El documental también recoge los relatos de Bárbara Santana, educadora ambiental, Javiera Ide, coordinadora de Rewilding Chile, y Urrutia-Jalabert, investigadora de la Universidad de La Frontera, el CR2 y el Núcleo Milenio LILI.
El Alerce Andino, otra vez con los vecinos adentro
No es un caso aislado. En este mismo parque publicamos en marzo que el ADN ambiental se usa para conectar turismo y conservación, y antes que los vecinos y CONAF monitorean juntos la fauna del área protegida.
El patrón se repite: la investigación que funciona en el Alerce Andino es la que entra al parque con la gente que vive al lado, no la que llega, mide y se va.
Información publicada por Santo Tomás.
Fotografía: Javiera Ide / Fundación Rewilding Chile / SPUN.