Un perro que rompe los cojines cada vez que se queda solo. Otro que se persigue la cola durante horas. Un caballo que se apoya en la puerta de la pesebrera y hace un ruido raro, como si tragara aire, sobre todo después de comer. En las casas y en los establos del sur estas escenas se cuentan como anécdotas: es maña de él, siempre ha sido así.
La Dra. Beatriz Montero Artaza dice que ese diagnóstico casero está mal desde la primera palabra. "Las mañas en sí no existen en los animales", explica. "Más bien están las conductas anormales para adaptarse a algo que sea aversivo para ellos". Médico veterinaria de la Universidad Mayor, etóloga clínica equina y canina, con un Master of Science y certificación en la Universidad de Edimburgo, atiende problemas de conducta entre Osorno y Puerto Montt. Es la primera vez que conversa con FrutillarHoy, y accedió a hacer una lista de lo que en la zona se normaliza y no debería.
El perro que rompe todo cuando queda solo
La conducta más frecuente y la más malinterpretada es la ansiedad por separación. "Cada vez que dejamos al perro solo, rompe los objetos de la casa, se orina donde no debe o rasguña las puertas", describe Montero. No es rabia ni venganza: es angustia.
A esa se suman otras que rara vez llegan a consulta porque se leen como personalidad:
- Trastorno ansioso: no duerme bien de noche y descansa poco de día, se muestra irritable, reacciona con miedo o ladridos ante cualquier estímulo y tiende a enfermarse más, con problemas gastrointestinales que vuelven una y otra vez.
- Trastornos obsesivo-compulsivos: se persigue la cola constantemente, anda todo el día con un objeto o una piedra y juega con eso de forma obsesiva. En general, cualquier conducta sin un objetivo claro que ocupe gran parte del día.
- Depresión: perros que duermen la mayor parte del día, se motivan con muy pocas cosas y no reaccionan ante estímulos frente a los cuales otros perros sí lo harían.
- Miedo al ruido: tiemblan y se esconden con los truenos o cualquier sonido fuerte, o son hipersensibles al tacto.
Cuando el problema se llama agresividad
Montero insiste en que la agresividad tampoco es carácter. Es una señal. "Tiende a morder cuando lo intentan tomar, manipular o tocar; gruñe cuando pasan cerca de él o ella", enumera. También cuando gruñe al acercarse otro perro, cuando ataca a quien se aproxime a su propiedad, o cuando defiende algo que le parece valioso, incluida su persona favorita: eso último se llama protección de recursos.
Un pariente cercano es la reactividad, que se ve en la calle. "Perros que tiran mucho de la correa y quieren abalanzarse sobre personas, perros o autos", dice. "También ocurre cuando viene gente a la casa: les gruñen y a veces intentan atacar, o por el contrario tienden a esconderse o tiritar. Los motivos detrás de esto pueden ser muchos y es necesario investigarlos".
El caballo que traga aire y se come la puerta
En los equinos el cuadro tiene nombres propios y una progresión conocida. La conducta estelar es la aerofagia: el caballo se apoya contra cualquier superficie y hace un movimiento como si tragara aire, con un sonido característico, sobre todo después de comer.
El dato clave para quien tiene caballos es cuál es el paso anterior. "La etapa previa a esto suele ser la lignofagia", advierte Montero: cuando el animal empieza a morder la puerta o cualquier estructura de madera o fibra. Ahí todavía se está a tiempo.
Otras conductas repetitivas de pesebrera:
- Balanceo del tren anterior, conocido como "baile del oso": el caballo se balancea sobre sus manos de un lado a otro, de forma continua.
- Caminar estereotipado: camina sin parar dentro de un perímetro repitiendo la misma trayectoria, en círculos o en forma de ocho.
- Cabeceo dentro de la pesebrera sin parar, o movimientos repetitivos sin fin aparente.
Y una lista de señales de manejo que suelen atribuirse al genio del animal: no se deja agarrar en la pradera, no se deja apretar la cincha ni poner los aperos, patea la puerta, se niega a subir al camión, corcovea o encabrita al ser montado, relincha con angustia cuando lo separan de la manada, se autolesiona, no se echa nunca, no sube de peso o baja su rendimiento deportivo sin motivo aparente. "Puede deberse a problemas con los aperos, dolor crónico o agudo, entre otros factores", precisa.
La señal de alarma: cuándo hay que consultar
La pregunta que hace todo dueño es dónde está la línea. Montero la traza así para los perros: cuando el animal está ansioso gran parte del día, destruye todo en la casa, ladra sin parar, muerde a una persona o a otro perro, no duerme, no tiene ánimo de hacer nada, repite una conducta de manera incesante o no se deja tocar.
En los caballos, toda la lista anterior califica. "Hay veces que los caballos aprenden a realizar ciertas conductas para evadir algo que es doloroso, incómodo o que le parece aversivo", dice, "pero no es motivo de que haya que pasarlo por alto: siempre conviene consultar".
Qué pasa si no se trata, y lo peor que se puede hacer
Acá la respuesta es incómoda. "La aerofagia, el balanceo y el caminar estereotipado son conductas anormales repetitivas que, si llevan mucho tiempo manifestándose, son casi imposibles de revertir, pero sí disminuir", explica Montero. "Por lo mismo, lo importante es prevenir su aparición".
De ahí que importe tanto el momento en que se detecta: "si se observa que el animal empezó a hacer algo parecido hace poco, se está en el momento límite para atenderlo y, quizás, evitar que se cronifique".
Y hay un error que la etóloga marca en negrita. Lo peor, dice, es intentar frenar la conducta por la vía mecánica: usar un collar anti-aerofagia, retirar los puntos de apoyo o ponerle una reja a la puerta de la pesebrera. "Esto no revierte el problema de fondo". Con las fobias y el miedo pasa lo mismo: empeoran si se obliga al animal a dejar de hacerlas por medio del castigo.
El factor del sur: invierno, encierro y lluvias largas
La pregunta era si el clima de la zona tiene algo que ver, y la respuesta es que sí, por una vía indirecta. En los perros, "el estar confinados y no poder salir a pasear genera mucho estrés, lo que los predispone a la ansiedad y, por lo tanto, a conductas indeseadas". Montero aclara que hay soluciones para eso.
En los caballos el problema es estructural: pasar la mayor parte del tiempo dentro de la pesebrera, el aislamiento y recibir poco heno generan la mayoría de los problemas, en cualquier época del año. "En invierno esto se resiente más debido a las lluvias continuas y prolongadas".
Consultada por lo que más ve en el territorio que cubre, entre Osorno y Puerto Montt, responde sin dudar: "perritos con problemas de ansiedad por separación, protección de recursos y agresividad". Y deja un pendiente con el mundo equino: "me gustaría que los dueños de caballos pidieran más ayuda para solucionar los problemas de manejo que mencioné, ya que sí tienen solución. Hoy en día ya sabemos que no todo se reduce a la salud del caballo: su parte mental afecta su manejo, indirectamente su salud, capacidad de trabajo y su rendimiento deportivo".
Entrevista realizada por FrutillarHoy con la Dra. Beatriz Montero Artaza, médico veterinaria (Universidad Mayor), etóloga clínica equina y canina, Master of Science y certificación en la Universidad de Edimburgo. Fotografías cedidas por la entrevistada.