Chile se prepara para atrasar sus relojes este sábado 5 de abril, en una medida que cada temporada reaviva el debate sobre los efectos del cambio de hora en la población. Sin embargo, para los investigadores del Instituto Milenio Centro Interdisciplinario de Neurociencia de la Universidad de Valparaíso (CINV-UV), esta discusión va mucho más allá de una simple costumbre estacional: se trata de un tema de salud pública respaldado por evidencia científica sólida.
Qué dice la ciencia sobre el cambio de hora
El neurocientífico John Ewer, investigador principal del CINV-UV y académico de la Universidad de Valparaíso, ha sido enfático en señalar que cada ajuste horario provoca una desalineación entre la vida cotidiana y el reloj biológico de las personas. Este mecanismo interno, conocido como ritmo circadiano, regula funciones esenciales como el sueño, la temperatura corporal y la producción de hormonas.
Cuando se altera artificialmente el horario, el organismo necesita días o incluso semanas para adaptarse. Según la literatura científica revisada por el CINV-UV, las consecuencias incluyen:
- Trastornos del sueño y fatiga acumulada
- Menor rendimiento cognitivo y dificultades de concentración
- Aumento de accidentes de tránsito durante la primera semana
- Incremento del 5% en la frecuencia de ataques cardíacos tras el adelanto de primavera
Niños y adolescentes, los más afectados
El grupo más vulnerable frente a estos cambios son los niños, niñas y adolescentes. Su biología los lleva naturalmente a despertar más tarde, pero los horarios escolares los obligan a madrugar. El resultado es un desfase que afecta directamente su aprendizaje y bienestar emocional.
"Consideremos que, con el horario que porfiadamente ha querido mantener el Estado en Magallanes, amanecerá pronto a las 9 de la mañana. Si los colegios entran a las 8, los niños saldrán de noche a clases y tendrán una hora de clase en la que estarán, esencialmente, dormidos", advirtió Ewer ante la Comisión de Desafíos del Futuro del Senado.
Regiones que no cambian la hora
Este sábado, las regiones de Aysén, Magallanes y de la Antártica Chilena no aplicarán el cambio horario y mantendrán su horario actual. Esta excepción, lejos de resolver el problema, evidencia la falta de una política unificada basada en criterios científicos.
Comparativa de efectos según tipo de horario
| Aspecto | Horario de verano (adelantado) | Horario de invierno (estándar) |
|---|---|---|
| Alineación con el sol | Menor, amanece más tarde | Mayor, más cercano al ciclo natural |
| Impacto en el sueño | Pérdida de sueño acumulada | Mejor sincronización circadiana |
| Rendimiento escolar | Disminuido en las primeras semanas | Más estable |
| Riesgo cardiovascular | Aumentado tras el cambio | Sin alteración significativa |
Un proyecto de ley que sigue estancado
En agosto de 2018, el senador Guido Girardi presentó un proyecto de ley (Boletín N.º 12.016-11) que buscaba fijar la hora oficial de Chile sobre bases científicas. La iniciativa proponía adoptar un horario único, equivalente al huso horario de Perú, es decir, retroceder una hora respecto del actual horario de invierno y mantenerlo de forma permanente.
El proyecto fue aprobado en general por la Comisión de Salud del Senado en marzo de 2019 y luego devuelto para un segundo informe. Hasta la fecha, no se ha convertido en ley, a pesar de contar con respaldo científico del propio CINV-UV.
La postura de los expertos: decisiones basadas en evidencia
Para el equipo del Instituto Milenio, el fondo del problema no es elegir entre horario de verano o de invierno, sino mantener dos horarios diferentes a lo largo del año. Cada transición genera un "jetlag social" que se acumula y afecta la calidad de vida de millones de personas.
"La salud pública no se decide por encuestas", sostuvo Ewer en su presentación ante el Senado, insistiendo en que este tipo de decisiones deben basarse en la evidencia científica disponible y no en preferencias individuales o costumbres arraigadas.
Mientras el debate legislativo sigue pendiente, la comunidad científica chilena continúa aportando datos que refuerzan una conclusión clara: el cambio de hora tiene costos medibles para la salud y el bienestar de la población.