El mar frente a la costa sur de Chile ha experimentado un calentamiento inusual en las últimas semanas, con anomalías de hasta 2 °C por encima de la temperatura promedio para la época. Este fenómeno, combinado con la transición de La Niña hacia condiciones neutras del ENSO, está generando un escenario propicio para precipitaciones más intensas y concentradas, lo que exige una reevaluación urgente de la planificación urbana y la gestión de riesgos en el país.
Calentamiento Oceánico Sin Precedentes en el Sur
La región frente a las costas del sur de Chile se ha convertido en un "hotspot" oceánico del hemisferio sur debido a un estrés térmico del agua que supera los valores históricos. Este punto caliente, situado a aproximadamente 2.500 kilómetros de la costa del Biobío, registró su pico de calentamiento durante la primera semana de enero de 2026, aunque las anomalías positivas ya eran visibles desde noviembre de 2025. Los datos históricos de NOAA (desde 1981) y reanálisis del Centro Europeo (desde 1940) indican que diciembre de 2025 se posicionó como el mes más cálido registrado en la zona, y enero de 2026 mantuvo temperaturas históricamente elevadas. El profesor Cristián Henríquez, del Instituto de Geografía de la Pontificia Universidad Católica de Chile y miembro del Centro de Desarrollo Urbano Sustentable (CEDEUS), ha calificado este calentamiento como "extraordinario" por su rareza estadística y sus posibles consecuencias.
Transición de La Niña a Condiciones Neutras
El Pacífico tropical ha estado bajo la influencia de La Niña en los últimos meses, pero las observaciones recientes muestran un rápido debilitamiento de este fenómeno. El boletín de enero de 2026 del Centro Internacional para la Investigación del Fenómeno de El Niño (CIIFEN) proyecta que esta fase fría dará paso a condiciones ENSO-neutral entre febrero y abril de 2026, con una probabilidad cercana al 90%. Según el profesor Henríquez, esta transición genera inestabilidades atmosféricas y oceánicas que pueden propiciar la entrada de masas húmedas, provocando precipitaciones más concentradas, incluso durante el verano. El ENSO, que funciona como un "motor meteorológico global", alterna fases cálidas y frías que modulan los patrones de precipitación y temperatura a nivel mundial.
Desafíos en Planificación Urbana y Gestión de Riesgo
El profesor Henríquez advierte que estas transiciones pueden desencadenar precipitaciones extremas, incluso en fases neutrales, como se ha observado en eventos recientes en Santiago y lluvias extraordinarias en el norte de Chile durante 2015 y 2017, vinculadas a bajas segregadas y anomalías cálidas en el mar. Ante este panorama, se subraya la necesidad de replantear la planificación urbana y la gestión de riesgo, enfocándose en "escenarios de peor caso" en lugar de la normalidad histórica.
Las ciudades chilenas, muchas diseñadas sin considerar los cursos de agua naturales, humedales y quebradas, enfrentan el colapso de sus sistemas de evacuación ante precipitaciones extremas. Una planificación sensible al clima, que incorpore infraestructura verde y respeto por las áreas de riesgo, se considera clave. Además, es fundamental que los planes reguladores definan zonas de amortiguamiento y protección para los sistemas hídricos, y que los sistemas de alcantarillado y drenaje pluvial sean dimensionados correctamente. La urbanización de zonas vulnerables o humedales incrementa el riesgo, por lo que la infraestructura debe cumplir una doble función: evacuar agua y ofrecer espacios urbanos seguros, como parques que actúen como reservorios temporales. Los modelos climáticos proyectan temperaturas hasta 2 °C sobre lo normal en el este y sur de Sudamérica, incluyendo el centro-sur de Chile, y lluvias que continuarán siendo desordenadas y contrastantes regionalmente. Este período de transición exige un seguimiento constante y una preparación adecuada.