La ganadería lechera del sur tiene un problema que hasta ahora parecía sin salida barata: el metano que emiten las vacas al digerir. Un proyecto que acaba de cerrarse en Osorno entrega una pista concreta, y viene con una condición que le importa a cualquier productor: no le costó nada al rendimiento del rebaño.
En un seminario realizado en el Hotel Sonesta de Osorno se hizo la ceremonia de cierre del proyecto FIA "Algas marinas como aditivo para alimentos de rumiantes, orientado a disminuir la liberación de metano reduciendo el calentamiento global", ejecutado por el Centro de Investigación Acuícola y Pesquero (CAPIA) de la Universidad Santo Tomás.
¿Qué se probó exactamente?
La investigación evaluó la inclusión de una mezcla de algas rojas y pardas en la dieta del ganado, en dosis muy bajas. Las mediciones de metano en terreno las hizo el Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA) en la lechería de Remehue, con un equipo Greenfeed entregado en comodato por Fedeleche.
Los trabajos fueron liderados por el investigador de INIA Remehue en ganadería y cambio climático, Ignacio Beltrán, quien explicó que la evaluación no se limitó al efecto ambiental.
"En este proyecto evaluamos la inclusión de una mezcla de algas rojas y pardas a dosis muy bajas de manera que pueda ser costo efectivo a futuro, y evaluamos no sólo el impacto ambiental (…) sino que también quisimos ver cuál era el impacto que tiene sobre parámetros productivos", señaló. "Es muy importante en estudios cuando evalúas nuevos aditivos, no sólo evaluar la parte ambiental, sino que también la parte productiva y la inocuidad de estos alimentos".
El resultado: menos metano, la misma leche
Según detalló Beltrán, la dosis baja sí produjo una reducción del metano entérico —el que emiten los animales en la digestión y que es el principal gas de efecto invernadero de la ganadería— sin costo productivo asociado.
"No encontramos ningún impacto sobre la producción ni la calidad de la leche, ni el consumo de alimentos. Esto nos habla de una dosis de inclusión que sólo tendría un impacto sobre las variables ambientales sin perjudicar el rendimiento ni calidad del producto final que es la leche", afirmó el investigador.
El equipo no difundió en el seminario el porcentaje exacto de reducción alcanzado.
¿Y ahora qué pasa con esto?
El objetivo declarado del proyecto no es quedarse en el paper. "Este es un proyecto de ciencia aplicada, donde se vincula la investigación y la academia, con actores del sector privado. El próximo paso es que esto no quede sólo en investigación, sino que obtener un producto comercial rentable para los productores lecheros", planteó Beltrán.
La iniciativa contó con el apoyo de la Fundación para la Innovación Agraria (FIA) y del INIA, del Ministerio de Agricultura, junto a Agrollanquihue A.G., APROLECHE, FuturoCoop, SECO S.A. y Balanceados PROSECOR SpA, es decir con el sector productivo de la propia zona sentado en la mesa.
En el seminario también presentaron resultados los investigadores de la UST Marcela Ávila y María Paz Marín; Jorge Muñoz expuso una encuesta sectorial, y el profesor de la Universidad de Hong Kong, Pedro Meléndez, dictó la charla "sustentabilidad como eje competitivo del sector lechero".
Fuente: INIA, Ministerio de Agricultura.