Este lunes 31 de agosto se conmemora en Chile el Día Nacional de las Personas Sordas, una fecha que suele pasar inadvertida fuera de la comunidad y que, según una académica de la Universidad Austral de Chile en Puerto Montt, tendría que importarle a todo el país.
En una columna enviada a FrutillarHoy, la Dra. Karina Muñoz Vilugrón, directora del Magíster en Atención a la Diversidad en Contextos Educativos de la UACh Sede Puerto Montt, plantea que hay dos motivos para celebrar la fecha: las personas sordas chilenas y la lengua que las identifica.
¿Por qué se eligió el 31 de agosto?
Porque en ese día el Estado chileno reconoció la Lengua de Señas Chilena como la lengua natural de la comunidad sorda. El reconocimiento se profundizó una década después con la Ley 21.303, de 2021, que modificó el artículo 26 de la Ley 20.422 y dejó establecido que la lengua de señas chilena es «la lengua natural, originaria y patrimonio intangible de las personas sordas».
Muñoz subraya ese salto: la comunidad sorda logró que su lengua dejara de ser considerada solo un medio de comunicación y pasara a ser reconocida como patrimonio cultural.
¿Se dice lengua o lenguaje de señas?
Es el error más repetido, y aparece en redes sociales, en la radio y en la televisión. La respuesta de la académica es directa: se dice Lengua de Señas Chilena.
«El lenguaje es una capacidad universal del ser humano, mientras que la lengua pertenece a una comunidad específica, en este caso, la comunidad sorda», explica.
Detrás de la precisión hay algo más que gramática. De acuerdo con el Servicio Nacional de la Discapacidad y la Asociación de Sordos de Chile, en el país viven cerca de 800 mil personas sordas o con hipoacusia. Aun así, dice la académica, las comunidades sordas siguen sintiendo que su lengua y su cultura visual son desconocidas, y eso termina golpeando la educación de los niños, niñas y jóvenes sordos.
¿Dónde se aprende, sin salir de la región?
Acá la columna se vuelve práctica. Muñoz recomienda aprenderla en espacios donde haya personas sordas, que son quienes la conocen a fondo por ser nativas de ella.
«Para aprenderla no debemos viajar ni obtener una visa; basta con acercarnos a asociaciones de sordos, clubes deportivos u otros espacios donde se reúne la comunidad sorda», escribe.
En Los Lagos esos espacios existen y han tenido actividad reciente. Puerto Montt ha dictado talleres gratuitos de lengua de señas y fue sede del VI Encuentro Latinoamericano de Sordos e Intérpretes, donde la propia Muñoz participó. En Frutillar, la Biblioteca Pública ha llevado adelante talleres familiares inclusivos.
No es la primera vez que la académica aparece en estas páginas por el mismo tema: en 2025 encabezó una alianza entre la UACh y Perú para impulsar la inclusión de estudiantes sordos en la educación.
¿En qué falta avanzar?
Para Muñoz, en lo más simple y lo más difícil a la vez: aprender la lengua. Solo así, sostiene, se puede preguntarle directamente a la comunidad sorda cuáles son sus necesidades, «porque son ellos quienes mejor saben cuáles son».
Es un punto que cambia el foco del debate. Mientras la conversación sobre inclusión se mantenga entre oyentes que hablan de las personas sordas, la comunidad seguirá siendo un tema. Cuando la conversación ocurra en su lengua, será una interlocutora.
Fuente: columna de la Dra. Karina Muñoz Vilugrón enviada a FrutillarHoy por la Escuela de Graduados de la Universidad Austral de Chile, Sede Puerto Montt.