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Opinión

Gabriela Mistral y el desafío de enseñar para que todos aprendan

Por Sebastián Jara • 19 de octubre de 2026

Columna de opinión. El texto es responsabilidad de quien lo firma y no representa necesariamente la línea editorial de FrutillarHoy.

Los desafíos de la inclusión en contextos educativos los podemos pensar a partir de los procesos de democratización y acceso de grupos excluidos al sistema regular, en lo que a nivel internacional se ha denominado Educación para Todos, compromisos que orientan y delimitan el marco de acción de las políticas y prácticas educativas al interior de las escuelas, garantizando la equidad y la calidad en el marco de la justicia educativa en el aula a partir del acto de enseñar.

En esta perspectiva, la invitación de esta reflexión es proponer el pensamiento pedagógico de Gabriela Mistral para iluminar los escenarios que estos tiempos globalizados, tan inundados por una racionalidad instrumental, nos imponen hoy, reduciendo el quehacer del profesor a saberes técnicos descontextualizados de nuestra realidad cultural. En este sentido, la llamada que nos hace Gabriela denota la reivindicación y vigencia de un pensamiento pedagógico propio y americano, el cual, por un sentido identitario, nos permitirá comprender que el acto de enseñar entraña y debe considerar una mirada histórica, holística y a la vez multidimensional.

En este contexto, utilizaremos el texto denominado Pensamientos pedagógicos: para las que enseñamos para pensar el acto de enseñar, identificando en este texto diferentes dimensiones.

Podemos comenzar diciendo que el acto de enseñar es, antes que todo, un encuentro entre seres humanos, reflexión que releva y constituye la dimensión ética a partir de la idea referida al cuidado del otro, la cual nos permite ir estableciendo como condición primera y radical para ser docente y enseñar el responsabilizarse por cada uno de los estudiantes que habitan mi aula.

«La enseñanza de los niños es tal vez la forma más alta de buscar a Dios; pero es también la más terrible en el sentido de tremenda responsabilidad».

En este sentido, la construcción de ciudadanía es el segundo elemento constitutivo del acto de enseñar como dimensión política; es decir, es en el jardín infantil, la escuela y el liceo donde se forman los protociudadanos. En este contexto, es en el diálogo, la solidaridad, la escucha activa, el convivir y aceptar las diferencias, donde valoramos la democracia como la única forma de construir comunidad.

«Si no realizamos la igualdad y la cultura dentro de la escuela, ¿dónde podrán exigirse estas cosas?».

La clase atenta, preparada, motivante, bien organizada y hermosa nos permite, en este contexto, reconocer en el acto de enseñar la dimensión estética, la cual se va modelando a partir de la posibilidad que tienen los docentes de recrear experiencias de aprendizaje que desarrollen en los estudiantes la capacidad y el conocimiento para sorprenderse, valorar y admirar los contextos culturales y naturales que nos definen.

«Amenizar la enseñanza con la hermosa palabra, con la anécdota oportuna, y la relación de cada conocimiento con la vida».

Finalmente, encontramos en el acto de enseñar una dimensión misional, la cual se va determinando a partir de elementos míticos, sagrados y profanos propios de los elementos culturales que nos definen y que nos permiten seguir pensándonos, los cuales se debaten en una relación entre la inmanencia y la trascendencia de nuestras trayectorias vitales, y que van definiendo desde una perspectiva teleológica los fines que tiene la educación para preservar nuestra memoria histórica y los valores culturales que nos constituyen. Todo procede de la escuela, que incuba en cada niño el germen de su porvenir.

El aporte y la vigencia del pensamiento mistraliano para el quehacer docente y la formación inicial de profesoras y profesores se nos revelan como una posibilidad para recuperar nuestra identidad, valorar nuestros patrimonios culturales y cuidar nuestros hábitats naturales para que puedan habitar nuestras escuelas y recrear el acto de enseñar.

Santiago Rodríguez Ponce es profesor de la Universidad Austral de Chile.

Esta columna es parte del ciclo de educación inclusiva que escriben académicos de la UACh Sede Puerto Montt. La anterior fue de la Dra. Karina Muñoz Vilugrón: Lengua de Señas Chilena: por qué no se dice lenguaje.

Fotografía cedida por el autor.

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